sábado, 13 de octubre de 2007

Soledad II

Dentro de mí,
donde no llegan los sonidos
ni las fechas,
la soledad derrama sus recuerdos,
riega tristezas por los zócalos,

esconde un viejo dolor
entre las páginas de un libro.
Ella insiste, golpea las ventanas,
quiere saber de mis silencios,

enardeciéndome los ojos,

arrancándome las uñas de llorar.

Dentro de mí,

en este invierno interminable
donde sopla la ausencia

en esta ciudad

En esta ciudad la mía
La gente está sola y escapa
Desde una soledad hasta otra
Prestando saludos disfrazando rostros
Siendo apenas un traje
No más allá de la dimensión de una oficina
¿Quién nos hizo creer que vivir es treparse
Pisando ojos olvidos sueños
Reptar por los felpudos
Para ganar un mínimo lugar
En una tumba diaria
Marcando tarjeta de entradas y salidas
Viendo a la gente con zapatos de luto

Cargando una aguja de reloj
Para matar sus horas
¿Cómo podré dormirme?
En una ciudad tan mía Y tan sola

Iremos con el ángel

Con la primera luz del día,

cuando el sol te reconoce,

un ángel de colores

te provoca en la almohada,

y al lavarte los dientes,

te empaña los espejos

con su lengua rosada.

La ciudad te busca,

te persigue, te reclama;

y el mundo es un reloj,

con un duro compás

que te apura en la nuca.

Te aprieta el colectivo

en el interminable viaje

con todos y con nadie.

El ángel te provoca,

te pinta las ojeras,

te da vuelta los pasos

y te enternece el traje.

Pero tenés un miedo

oxidado en el pecho,

y un aroma de olvido

emana de tus sienes-

Te buscaremos una tarde,

con la lluvia en los ojos,

con el viento en las manos,

con la piel de tu infancia.

Iremos con el ángel,

a matar los relojes,

con un arma de luz

cargada de futuro.

Una fábrica ha muerto

Tercamente de pie sobre su propia muerte
por las cicatrices de su piel
sobre el ladrillo
cae una torpe lágrima de
hollin
de sus cuadrados ojos de pupilas quebradas
sus paredes respiran amargas reflexiones
en letras desparejas como insufribles callos

gigantesco esqueleto de vientre despojado
en su interior se agitan sonidos en cenizas
vigorosos pasos
laten en las tinieblas
gime
la voz de un torno condenado al exilio
hay tardes que el aire parece enloquecido
una muda sirena es una cuerda tensa
golpeando al barrio con la dura
pulsación del desempleo
la fábrica muerde la
hora de salida
volcando pura ausencia en la vereda
como un
llanto desnudo aterido de frio

hay un
pueblo que muere
simplemente por
faltarle la vida
hay hombres duros con las manos de duelo
el suburbio se enreda en su raíz herida
una fábrica ha muerto
hacen guardia de honor los padres sin trabajo
pasan las villas con coronas de sudor embravecido
juveniles brazos como herramientas nuevas
convocan al rescate del torturado cuerpo

te convocan
dulce mujer de obrero
endurecida en las
postergaciones
para que siembres un pétalo del hombre
en los cimientos de este cuerpo
atormentado
hasta que de él germinen siglos
inapelablemente proletarios

Ese hombre sin rumbo

Ese hombre sin rumbo atraviesa la noche,

su sombra flota en las cornisas

y me nombra con mi propia voz.

Ese hombre camina por el hilo de un silbido,

buscando una ciudad en el olvido,

sus ventanas, sus árboles,

su gente, son los mismos,

pero no los reconoce ni le hablan.

Supone que aquel cielo,

tan negro y transparente,

aquel aire con olor a infancia,

hoy envuelve extrañas vidas.

Ese hombre que carga mis zapatos,

se bebe la ausencia con el último trago,

imagina volver,

desde cualquier esquina.

Revisa sus bolsillos,

Y no tiene ni un centavo de amor

para el regreso

Tango


Te recuerdo de pibe
cuando me abriste tus venas
y me enseñaste a caminar hacia adentro
cuando el mundo era setiembre
y Buenos Aires se colgaba en mis pestañas
yo sé que a Tonio, al Gordo y al Pelado
los inventaste vos a la medida exacta de mi infancia
para compenzar el absurdo
de tanto amor cansado
una tarde invadiste mis rincones
porque era necesario adjudicarles un lugar
a los baldíos que comenzaban a nacerme
por eso comprendo la inmensa ternura
que esconde tu mansa tristeza
porque sos Retiro lleno de gorriones
con sus alas de diarios
mi hermano campesino que bajó del tren
cargando esperanzas
y con cuatro chapas lo durmiò la villa
porque una tarde gris
unos hombrecitos de ojos numerarios
sobre las cenizas del café de Boedo
construyeron un banco
y Pompeya es sólo una parada
en el cansado colectivo del alba
por eso mi viejo
decile a Discepolìn a Troilo a Homero
que nos tiren sueños
que nos lluevan lunas
¿No ves que esta noche no,puedo dormirme?
Es que la nostalgia se acostó conmigo

Formosa

Al fondo del país y la tristeza,

donde viven el maíz y el algodón,

un chamamé con boca de acordeón

nos cuenta su valor y su pobreza.

Verde mar, florecido de tibieza,

muchacha y sapukay, frágil balcón,

donde la selva muestra el corazón,

al día americano que comienza.

Formosa es un gigante herido.

Toda su vida, un feroz derroche.

Su río Paraguay baña al olvido.

Cada primavera es un reproche

De dolor aborigen mal vestido.

que lastima mi sangre cada noche.